RECIPIENTE DE DIVAGACIONES

no se aceptan palmadas en la espalda
todo lo que hacemos por gusto, debiera ser gratuito
y si lo publicamos, es solo para sacárselo de la cabeza, y dejarlo a la vista de quién se haga el ánimo
[quizás, en una de esas, a alguien le sirve]

domingo, octubre 08, 2006

MALA CLASE

[Jueves, 8:30 de la mañana, comienzo de la primavera. Día soleado con algo de frío. La micro blanca-larga iba apacible.
En Plaza Italia sube mas gente. Un tipo de terno -perfil adulto joven- se para al costado de la puerta del medio. 3 cuadras mas arriba la puerta se abre y el tipo se debe correr tras un leve golpe de ésta. Susurra unos improperios mirando hacia el suelo con la boca entreabierta.
6 cuadras mas arriba el tipo toca el timbre (yo me bajo en el mismo lugar). El tránsito hace imposible que el micrero pare justo. El tipo se desespera y comienza a tocar el timbre con insistencia. Nada. El micrero logra moverse una pista a la derecha, todavía le falta una para llegar a la solera. El tipo de terno camina hacia delante y va a increpar al micrero. Mientras logra alcanzar la pista derecha, el micrero responde caballerosamente los alegatos del tipo de terno; desde la puerta del medio escucho poco.
Finalmente se abren las puertas. Me bajo por la del medio, y veo al tipo de terno que por la puerta de adelante, baja increpando al micrero, quién con la mirada le contesta “no podía parar antes”. Se comienzan a cerrar las puertas y, desde la vereda, el tipo de terno –con una cara de odio semejante a la de una traición amorosa- le grita al micrero: “conchietumare”.
Desde la vereda, veo al micrero con cara de impotencia, mientras el tipo de terno al lado mío, me mira con cara de satisfacción como diciendo “me lo cagué”, esperando una respuesta cómplice de mí parte... ]
En un principio pensé en increparlo, por su falta de tolerancia, y por andar echándole a perder gratuitamente el día al resto. Sin embargo, preferí callar y con la mirada le dije “valís callampa sacohuea”. Luego miré al micrero con cara de aprobación, para que no se sintiera solo, porque estoy seguro que los pelotudos –aunque metan mas bulla- son muchos menos que nosotros.

lunes, octubre 02, 2006

DIRECTAMENTE DEL SIGLO XIX

Este es un texto poco conocido, que vale la pena difundirlo.
“La pérdida de la aureola”
Un poeta se encuentra con un “hombre corriente” en un bar de mala muerte:
- ¡Como! ¿Usted aquí, amigo mío? ¿Usted en un lugar como este? ¿Usted que se alimenta de ambrosía y bebe quintaesencias? ¡Estoy asombrado!
- Amigo mío: usted sabe cuanto me atemorizan los caballos y los vehículos. Pues hace un momento, cuando cruzaba el bulevar corriendo, chapoteando en el barro, en medio de un caos en movimiento, con la muerte galopando hacia mí por todos lados, hice un movimiento brusco y mi aureola se me escurrió de la cabeza, cayendo al fango del “macadam”(1). Estaba demasiado asustado para recogerla. Pensé que era menos desagradable perder mi insignia que conseguir que me rompieran los huesos. Además, me dije, no hay mal que por bien no venga. Ahora puedo ir de un lado a otro de incógnito, cometer bajezas, entregarme al desenfreno, al igual que los simples mortales. ¡De modo que aquí estoy, como usted me ve, al igual que usted!
- Pero ¿no va a poner un anuncio para buscar su aureola, o avisar a la policía?
- ¡No lo quiera Dios! Me gusta estar aquí. Usted es el único que me ha reconocido. Además, la dignidad me aburre. Más aun, es divertido pensar que un mal poeta la puede recoger y ponérsela descaradamente. ¡Que placer hacer feliz a alguien, especialmente a alguien de quien uno se puede reír! ¡Piense en X! ¡Piense en Z! ¿No ve lo divertido que será?
Charles Baudelaire
(1) "Macadam", derivación de Mc Adams, la empresa que colocó los adoquines en las calles de París, los que se harían famosos en algunas consignas de mayo del '68 ("bajo los adoquines, la playa.." o "el levantamiento de los adoquines de las calles constituye la aurora de la destrucción del urbanismo") [Nota: pancho]

DIGNIDAD COMPAÑEROS!

[17 sep 2006. Fonda producida, dando vueltas con cámara en mano y las minas que se acercan pa que las filmemos. Parados al centro de la pista y las minas exquisitas nos meten conversa; una rubia-flaca-rica-tonta me dice “no me gusta esta música” (suena Virus de fondo); con tono irónico (que ella por supuesto, era incapaz de percibir) le pregunto “¿eres de las que les gusta el reggaeton?”; ella me contesta afirmativamente con la cabeza mientras me mira a los ojos con una expresión de cómplice; “Entonces no me sirves”, le contesto y la dejo parada al centro de la pista junto a sus amigas tan producidas como ella.]

Debo reconocer una cierta abominación por esta raza de mujeres. No se trata de que me gusten las feas, o que –como le sucede a muchos- le tenga miedo a las minas bonitas; es mas, por naturaleza, prefiero tener al frente a una mujer bonita que a una fea. Sin embargo (y mas allá de que entre una mina rica y tonta prefiera a una menos agraciada pero interesante), existe una raza de minas bonitas que aborrezco profundamente.

Para comenzar, podríamos definirlas a partir del siguiente ejemplo: ¿Cuantas veces nos ha tocado que hay una mina exquisita que mira a todos hacia abajo, pero que cuando necesita algo, se acerca con toda su coqueta artillería hacia nosotros, tratando por esos medios de conseguir algo? Si alguna vez han sucumbido ante ese efímero despliegue de encantos, se habrán dado cuanta que, una vez que consiguen sus objetivos, se retiran y todo vuelve al statu quo.

Esa raza de mujeres que usufructan de su belleza para conseguir cosas, es la que personalmente abomino. Dentro de esa raza se incluyen las del ejemplo anterior, además de aquellas que pestañean en las entrevistas de trabajo, las que le hacen ojitos a los ayudantes, o las que te toman de la mano para pedirte cigarros, etc.

En general, me carga la gente con ínfulas de superioridad. Pero de aquellos, respeto a quienes se han ganado esa superioridad a costa de sus propias acciones. Por el contrario, una mina rica que se siente superior a la masa de pavos reales que la “mira”, no es alguien que se haya ganado ese lugar; por el contrario, se trata de alguien que nació así, por lo tanto no tiene ningún mérito, y no se merece ningún respeto.

Entiendo a la masa de colegas hombres que siempre han soñado con una mujer rica, y que, con tal de ver cumplida aunque sea una parte ínfima de sus sueños, están dispuestos a babosear y dejarse utilizar por esta raza de mujeres. Pero les recuerdo que esa masa de pavos reales que rodea a la mina rica, y que está dispuesto a hacer lo que ella pide, es la que fomenta aquellas actitudes.

La dignidad está primero.