[17 sep 2006. Fonda producida, dando vueltas con cámara en mano y las minas que se acercan pa que las filmemos. Parados al centro de la pista y las minas exquisitas nos meten conversa; una rubia-flaca-rica-tonta me dice “no me gusta esta música” (suena Virus de fondo); con tono irónico (que ella por supuesto, era incapaz de percibir) le pregunto “¿eres de las que les gusta el reggaeton?”; ella me contesta afirmativamente con la cabeza mientras me mira a los ojos con una expresión de cómplice; “Entonces no me sirves”, le contesto y la dejo parada al centro de la pista junto a sus amigas tan producidas como ella.]
Debo reconocer una cierta abominación por esta raza de mujeres. No se trata de que me gusten las feas, o que –como le sucede a muchos- le tenga miedo a las minas bonitas; es mas, por naturaleza, prefiero tener al frente a una mujer bonita que a una fea. Sin embargo (y mas allá de que entre una mina rica y tonta prefiera a una menos agraciada pero interesante), existe una raza de minas bonitas que aborrezco profundamente.
Para comenzar, podríamos definirlas a partir del siguiente ejemplo: ¿Cuantas veces nos ha tocado que hay una mina exquisita que mira a todos hacia abajo, pero que cuando necesita algo, se acerca con toda su coqueta artillería hacia nosotros, tratando por esos medios de conseguir algo? Si alguna vez han sucumbido ante ese efímero despliegue de encantos, se habrán dado cuanta que, una vez que consiguen sus objetivos, se retiran y todo vuelve al statu quo.
Esa raza de mujeres que usufructan de su belleza para conseguir cosas, es la que personalmente abomino. Dentro de esa raza se incluyen las del ejemplo anterior, además de aquellas que pestañean en las entrevistas de trabajo, las que le hacen ojitos a los ayudantes, o las que te toman de la mano para pedirte cigarros, etc.
En general, me carga la gente con ínfulas de superioridad. Pero de aquellos, respeto a quienes se han ganado esa superioridad a costa de sus propias acciones. Por el contrario, una mina rica que se siente superior a la masa de pavos reales que la “mira”, no es alguien que se haya ganado ese lugar; por el contrario, se trata de alguien que nació así, por lo tanto no tiene ningún mérito, y no se merece ningún respeto.
Entiendo a la masa de colegas hombres que siempre han soñado con una mujer rica, y que, con tal de ver cumplida aunque sea una parte ínfima de sus sueños, están dispuestos a babosear y dejarse utilizar por esta raza de mujeres. Pero les recuerdo que esa masa de pavos reales que rodea a la mina rica, y que está dispuesto a hacer lo que ella pide, es la que fomenta aquellas actitudes.
La dignidad está primero.

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