RECIPIENTE DE DIVAGACIONES

no se aceptan palmadas en la espalda
todo lo que hacemos por gusto, debiera ser gratuito
y si lo publicamos, es solo para sacárselo de la cabeza, y dejarlo a la vista de quién se haga el ánimo
[quizás, en una de esas, a alguien le sirve]

domingo, enero 13, 2008

MES DE FIESTAS

Después de haberme leído enterito el blog de mi amiga política Magdalena Leiva (es la esposa de mi amigo Pineda), me volvió el amor por escribir las divagaciones diarias, y decidí retomar este blog que mantuve hibernando todo el 2007.
Justo ahora estamos en Enero, o mejor dicho, en el mes Capricornio, que entre el 21 de Diciembre y el 20 de Enero, está lleno de celebraciones. 8 cumpleaños familiares (incluido el mío), marcan la pauta entre las que se intersectan las dos celebraciones más nefastas del mundo: la Pascua y el Año Nuevo.
La Pascua (o Navidad) se supone que conmemora el Cumpleaños de Jesús. Como en todo cumpleaños, hay que llevarle regalos al festejado, pero ¿Cómo le hacemos regalos a alguien que no está entre nosotros? Ahí es donde “Don Capital” con su ingenio característico hace el siguiente razonamiento: “Jesús es hijo de Dios, y según la religión católica, todos somos hijos de Dios; por lo tanto, al ser todos hijos de Dios, todos somos Jesús, es decir ¡¡¡todos estamos de cumpleaños!!!!”. Ese razonamiento notable, nos lleva a la “necesidad” de hacerle regalos a todo el mundo. ¿Quién gana? En primer lugar todos, porque recibimos regalos, pero los que mas ganan son quienes nos venden esos regalos. Y todos los que nos creemos hijos de Dios (porque eso nos enseñaron en los colegios católicos), nos tenemos que pegar la lata de ir y comprar con todo el calor de diciembre, regalos para los otros “hijos de Dios”. Una verdadera tontera, aunque se agradece el día feriado, que nos permite ver a las tías que no vemos en el resto del año.
Sin embargo, es el Año Nuevo la celebración mas nefasta y decadente de todas. Por ahí leí, que los chinos creían que en la noche de Año Nuevo, un cierto Dios bajaba a la tierra y se violaba a las jovencitas vírgenes; pero ese Dios pedófilo le tenía miedo a las luces y al ruido (por eso aparecía de noche). Entonces los Chinos tuvieron que inventar algo que combinara luces y ruido: los fuegos artificiales. Luego, para celebrar que le habían ganado al Dios, hacían un carnaval, y se mantenían despiertos hasta el amanecer para asegurarse que el Dios pedófilo no se volviera a aparecer.
Celebrar el Año Nuevo, con fuegos artificiales y fiesta, solamente 5 días después de la Navidad, es la manifestación de inconsecuencia mas grande y socialmente aceptada que he visto: ¿Cómo puede alguien creerse hijo del Dios católico –es decir, digno de recibir regalos el 25 de Diciembre- para luego espantar al Dios Pedófilo de los Chinos con fuegos artificiales y amanecerse en una fiesta para asegurarse que el pedófilo no vuelva a aparecer? ¿Dónde quedó el monoteísmo?
Además de la manifestación de la inconsecuencia, el Año Nuevo por si es decadente. Si nos alejamos del fondo y nos vamos a la forma, vemos en las calles a toda la masa eufórica, con la necesidad –inducida- de “tener que hacer algo”. Generalmente esa necesidad se ve saciada viajando a Valparaíso, o pagando 30 lucas por una fiesta que nos promete ser la “mejor del mundo”, y donde por lo general, nadie la pasa bien (aunque al otro día todos hablen de “lo bien que lo pasé”, para al menos hacer valer en algo las lucas malgastadas). ¿Qué más decadente que la masa con la necesidad de “hacer algo” para contarle a los amigos? Si, hay algo mas decadente: la masa “fingiendo” que lo pasó bien al otro día ante sus amigos. Y algo mas decadente aún: el “cotillón” de Año Nuevo.
[El primero de Enero, salí a las 2 de la tarde a comprar empanadas para almorzar (demás está decir que después de los abrazos, me fui a dormir plácidamente a eso de las 2 AM), y cuando venía de vuelta, vi a dos tipos bañándose con ropa en la pileta de José Miguel de la Barra con Merced, mientras gritaban “¡¡¡es año nuevo hueones, celebren!!!. Ya lo había decidido, pero en ese momento me convencí de que –en adelante- solo celebraré mi cumpleaños y el de Chile; el cumpleaños del planeta supera mis dosis de decadencia.]

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